Ropa interior elegida para la ocasión.

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Ayer tuve mi primera cita en NYC. Nunca me imaginé que sería así desde luego. En mi interior pensaba que me arreglaría, que llevaría puesto un bonito vestido y que elegiría mi ropa interior para la ocasión, qué menos!. Imaginaba todo ese ritual femenino donde confluyen los aromas, la delicadeza de los lenceros, las plumas, los colores empolvados, el aceite de ámbar y el alguna chispa brillante de lentejuelas. Hubiese elegido mis sandalias cebra de Jimmy Choo, con el tacón forrado en suave cuero negro para dar un toque salvaje a un look clásico en negro. Pero qué va! nada de eso.

Básicamente ni me di cuenta de que esa noche tenía una cita. Era miércoles y un compañero arquitecto de mi amiga Diana, me dijo que quedáramos para tomar unas cervezas. Anteriormente había cancelado varios encuentros con él, porque siempre eran prematuros e inesperados y yo no estaba disponible.
Ese día le dije que estaba libre después de mi clase de ‘Arte y Cine Documental” donde visionamos por cierto La Batalla de Chile de Patricio Guzmán, excelente documental. Como todos los miércoles después de clase, fui a tomar algo aprovechando la happy hour, consumiciones a 6$ en vez de a  8$.
Él me escribió que se retrasaba por trabajo y yo alargue mis cervezas. Tenía que ir al East Village que era donde había quedado y les dije a mis 3 amigos que se vinieran a tomar algo con nosotros y es cuando Sean me dijo ” Naiara, si yo voy una cita y la chica aparece con 3 tipos, fliparía desde luego”. Y yo ” pero es que sólo hemos quedado para tomar una cerveza” y Sean ” ya Naiara, eso aquí es una cita“.
Pero qué ingenua puedo ser a veces a estas alturas de la vida.
Lo hice a la donostiarra pues, aparecí con la cuadrilla, a la que por cierto puede estar agradecido, ya que de no estar con ellos me hubiese ido a casa harta de esperar.
La estampa era la siguiente, estábamos en una mesa los cuatro tomando cervezas y riendo cuando mi arquitecto apareció en escena con su traje de camisa y corbata. El pobre estaba un poco alucinado, aunque le avisé de que le esperaría con 3 amigos para paliar el efecto sorpresa y porque mis amigos estaban muy preocupados por él. Como buenos compañeros de género, Sean, Erich y Jonathan le acogieron rápidamente para que no se sintiera desplazado. Enseguida todo parecía marchar bien, la tensión se diluía en la 3 cerveza y de repente aparece una amiga. Mi despampanante pelirroja fuego acompañada por un hombre bohemio, alto, moreno de pelo largo, que aunque llevaba un abrigo tres cuartos su camiseta blanca dejaba entrever una piel llena tatuajes sinceros y plata.
Volvimos a las presentaciones, a las tediosas preguntas: quién eres, de dónde eres, y a qué te dedicas. Pese a lo variopinto de la mesa, nos reímos, lo pasamos bien y todo el encaje de bolillos funcionó a las mil maravillas.

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