Puertas traseras que conducen a un emporio de vida nocturna en Manhattan

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Lo que a simple vista parece una tienda de objetos de segunda mano en realidad es un club clandestino donde la ambigüedad flota en un ambiente tórrido de gente guapa y vestida a la última. Beauty & Essex es uno de esos lugares para aquellos que buscan la exclusividad furtiva, para los amantes del exceso a cualquier precio y para los usuarios de la nostalgia de una pasado desconocido e imaginario en un futuro ilusionado.
La parte frontal está configurada como una casa de empeño, con guitarras Flying V y una rubia detrás de la caja registradora. Una puerta trasera conduce a un emporio de vida nocturna. Una contraseña y un poco de suerte son tu pasaporte para ver lo que hay detrás de esas cuatro pareces. Uno piensa que será un bar pequeño con encanto, sin embargo hay ciudades escondidas en esos sótanos.
La planta baja es un restaurante elegante que sirve sopa de langosta. Y arriba, más allá de una escalera que tuerce en espiral alrededor de una lámpara de araña, hay un salón con paneles de madera, sofás de cuero y divanes que te llevan a otro bar.  Hay champán gratis en el baño de señoras. Los hombres no tienen tanta suerte. Yo pedí whiskey sour: 1) porque no estoy para experimentar con cocteles que rondan los 20$ y 2) porque me he convertido en una pequeña fan de este clásico, ácido y dulce, que hace que te enamores del whiskey.
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Lo que ocurre en las fiestas de Armani

You are one the guess list Miss Eizaguirre.

Cómo suena!! pero era lo cierto, estaba en la lista para una de las mejores fiestas de la NY Fashion Week 2014.
El ático de Le Bain, tiene dos plantas, la de la terraza y otra inferior donde está la piscina.

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El champagne era infinito y cada vez había más gente guapa en ese roof top. Había personas de todos los estilos, desde los más fashion, pasando por los más arreglados con traje, corbata o pajarita, o las más casual con zapatillas y minifalda . En la mezcla está el gusto y en esa fiesta desde luego que se respiraba libertad, amor por la moda y por el espumante.

La fiesta empezaba a las 7 de la tarde y nosotras llegamos tarde, claro está, pero quién no lo hace, aquí en Donosti o en la china, es un código preestablecido porque  nadie quiere llegar primero.
A la entrada te daban a elegir o un coctel rosa de vodka y sandía o prosecco. Subimos directas a la terraza para disfrutar de las vistas y tener Nueva York a nuestros pies, además queríamos encendernos un cigarrillo. En el asfalto neoyorkino no se fuma, incluso no está bien visto, pero de repente subes al nivel de las nubes, donde el aire es exquisito y selecto y fumar vuelve a ser chic como Marlene Dietrich en las películas de los años 20.

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Saludamos, nos hicimos fotos, nos hicieron fotos, charlamos, bebimos y comimos vamos lo que se hace en cualquier fiesta. Inauguramos la piscina poniendo nuestro piececitos a remojo, había toallas, y todo se prestaba a sentarse allí incluso a bañarse. Rápidamente dos trajeados pusieron sus pies junto a los nuestros. El ambiente cada vez era más intenso, nuestros galanes de Wall Street se despojaron de sus americanas, camisas y relojes y en un intento de proximidad se lanzaron al agua. No sé que les hizo suponer que les seguiríamos pero aunque nosotras no lo hicimos otras chicas más jóvenes y bellas se lanzaron a la piscina desnudas iniciando en ese momento otra fiesta de burbujas y más burbujas.

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