¿Dónde mueren los elefantes?

Desde la mirada de una completa principiante, os quiero recomendar un libro, un libro clarificador, espléndido y envidiable en todas sus piezas.

Para aquellos que se inician en África o los que no lo han hecho todavía pero sienten esa curiosidad, esa especie de ¨llamada¨ del continente de Ébano.

De eso mismo quiero hablar hoy, de Ébano, libro en el que Kapuscinski, plasma esa África en plena ebullición, la África móvil y cambiante a pasos agigantados, el continente desconocido y casi impenetrable para los mortales de entonces.

Mole Park

Mole

Aquí va una de mis partes preferidas, ¿quién sabe? tal vez consiga tentar a alguien…

Un día me preguntó:

-¿Has visto ya muchos elefantes?

—Ya lo creo —contesté—, ¡centenares!

-¿Sabes? -siguió-, cuando hace mucho tiempo aparecieron aquí los portugueses y empezaron a comprar marfil, les llamó la atención el hecho de que los africanos no lo tuviesen en grandes cantidades. ¿Por qué? A fin de cuentas los colmillos de elefante son un material duro y muy resistente, así que, si les resultaba difícil cazar un elefante vivo —por lo general lo hacían atrayendo al animal hacia un hoyo que previamente habían cavado-, no tenían más que quitarles los colmillos a los elefantes muertos desde hacía más o menos tiempo. Sugirieron esta idea a sus intermediarios africanos. Pero en respuesta oyeron algo asombroso: que no hay elefantes muertos, que sus cementerios no existen. Era un misterio que empezó a corroer a los portugueses. ¿Cómo morían los elefantes? ¿Dónde yacían sus restos? ¿Dónde estaban sus cementerios? Se trataba, nada menos, que de colmillos de elefante, del marfil, de las enormes cantidades de dinero que por él se pagaba.

El cómo morían los elefantes era un secreto que los africanos habían guardado frente a los blancos durante mucho tiempo. El elefante es un animal sagrado y también lo es su muerte. Y todo lo sagrado está protegido por el más impenetrable de los misterios. La admiración más grande siempre la había despertado el hecho de que el elefante no tenía enemigos en el mundo animal. Nadie era capaz de vencerlo. Sólo podía morir (tiempo ha) de muerte natural. Esta solía producirse al ponerse el sol, cuando los elefantes acudían a sus abrevaderos. Se detenían en la orilla de un lago o de un río, alargaban las trompas, las sumergían en el agua y bebían. Pero llegaba el momento en que un elefante viejo y cansado ya no podía levantar la trompa y para saciar la sed tenía que adentrarse en el lago cada vez más. Y también cada vez más, sus patas se hundían en el légamo. El lago lo succionaba, lo atraía a sus insondables profundidades. Él, durante un tiempo, se defendía agitándose, intentando liberar las patas de la tenaza del légamo para poder regresar a la orilla, pero su propia masa resultaba demasiado grande y la fuerza del fondo era tan paralizante que el animal, finalmente, perdía el equilibrio, se caía y desaparecía bajo las aguas para siempre.

-Y es ahí -concluyó el doctor Patel-, en el fondo de nuestros lagos, donde se encuentran los eternos cementerios de los elefantes.

Ryszard Kapuscinski –Ébano-

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La negación de los ojos

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En un continente, como África, tan diferente al nuestro, tan sorprendente, extraordinario, asombroso, prodigioso incluso en ocasiones admirable y envidiable, muchas cosas se escapan de quedar grabadas en nuestras retinas.

La sobresaturación informativa consigue que nuestros ojos nieguen lo que ven, normalizando el entorno para poder así continuar viviendo.

Tan sólo existe un momento, un instante en el que el cerebro decide parar las máquinas para observar el alrededor, y es entonces cuando le damos al REC.

 

 

Miro a mi alrededor y capturo cada espacio, cada rincón de un dantesco escenario que me rodea. En las proximidades de una estación de autobuses, cuyo nombre ya no importa, el tiempo me libera de sus estrictos lazos.
Atrapado en el vacío de la conmoción, dos turistas sin color, indignados, repugnados; sirven a mi invidente órgano gris como señal de alerta, mostrando lo que los ojos se niegan enseñar.
En el suelo crece una tétrica flora de polímetros y restos orgánicos, donados por un abundante transito que quiere dejar rastro. Una tierra roja, como la sangre, lo envuelve todo, convirtiéndolo en una masa inseparable.
En algunos pobres charcos se desarrolla siniestra vida que porta enfermedad y muerte.
Las miradas se entrecruzan, pero no dicen nada. Ningún sentimiento, ningún gesto, ninguna pregunta. Niños pasean descalzos intentan inspirarse con toda aquella basura e imaginar que encuentran algo divertido.
Cuando todos los sentidos empujan a salir cuanto antes de aquel lugar, cuando los nexos se pierden y no se encuentra nombre para nuevas sensaciones o nuevos sentimientos…
Miro a mi alrededor. Recibo un aire cargado de olores mustios. Veo muros invisibles levantados con ladrillos de ignorancia, vestigios de un innoble pasado.
Y mi corazón supura un viscoso miedo. Miedo a la indiferencia, miedo a que el futuro se construya en el presente, miedo que, con el paso del tiempo, se acostumbren mis ojos, y, como los de cualquier otro africano, asuman este limbo como forma de vida. Miedo a seguir perdiendo humanidad.

 

 

 

Kwame David.

Un paseo por Kejeitia

Kumasi, capital de la región Ashanti. Para aquellos que lo desconozcan, los ashantis fueron antiguos guerreros ghaneses que desarrollaron un imperio de gran alcance en  África occidental. Llegaron a hacerse ricos negociando el oro  encontrado en minas de su territorio, que actualmente son usufructuadas por la empresa multinacional AngloGold. El de los ashanti fue uno de los pocos estados africanos capaces de ofrecer resistencia seria a los imperios europeos.

En esta ciudad se levanta uno de los mercados más grandes del país. David ha paseado por sus calles, plasmando sus impresiones.kejeitia marketpicture-002

En un mar de conciencias incautas, una suave voz viaja extraviada entre el confuso estruendo que genera la intensa actividad del mercado.

Voces desesperadas, murmullos que se encuentran formando nuevos idiomas, incomprensibles para nuestros oídos.

Un ejemplar de Suskind permanece abierto, perdido entre el gentío, en un punto equidistante, idéntico, a cada uno de los puestos de lata improvisados que forman entre si un caótico enjambre. El viento acaricia sus páginas, extrayendo cada registro olfativo absorbido por el sofisticado epitelio de Grenouille. Para nosotros, comunes mortales, el indescifrable puzzle aromático se presenta imposible y abrumador.

El rey Sol se decide a azotarnos con sus ardientes látigos de mediodía, recordándonos en todo momento nuestra situación geográfica y nuestra insignificancia.

Desafiantes, ajenos a nuestro tormento, cientos de figuras talladas en ébano se pasean portando pesadas cargas sobre sus cabezas. Parecen no tener rumbo pero todas permanecen en continuo movimiento.

Intento sumarme al ritual, siguiendo a las masas en su penitente traslado. Paro en varios tenderetes, obligándome a encontrar valor a alguna de sus absurdas piezas. Comparto la devoción del espectador de una acalorada disputa. Intercambio gestos con algunos vendedores ambulantes que circulan al otro lado de la calle, sellando nuestro encuentro con una suave sonrisa.

Y por un momento, sin rumbo, sin prisa, sin cometido alguno; me convierto en uno más. Lo olvido todo con el mismo cuidado y dedicación que puse en aprenderlo. Otro transeúnte sin identidad ni procedencia. Cuan maravilloso es sentirse vivo.

Obruni/Obibini

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Para los que no lo sepan; Teledonosti tiene un corresponsal en África. Un voluntario que dejó Donosti en septiembre para embarcarse en una aventura que poco a poco nos cuenta a través de sus reportajes. Para los que no hayáis tenido la oportunidad de ver alguno o que prefiráis leerlo de su puño y letra, este blog abre una ventana, destinada a ese continente hoy olvidado.

Enseñando en Ghana, por David Cordon.

Las dos primeras semanas pasaron muy rapidas, guiadas por la espesa monotonia que caracteriza Tafo. Pero habia mucho trabajo por delante, y una vez quedaron al descubierto la falta de involucracion y la desastrosa, y algo deshonesta, gestion por parte de la organizacion, tuvimos que hacernos cargo de la compra del material escolar para poder comenzar nuestro trabajo. Mientras los ninos, ajenos a todo, se entorpecian en clases demasiado numerosas y faltas de espacio.
El sistema educativo en Africa, si es que esto realmente existe, es devastador. Los ninos pasan de curso solo por la edad, independientemente del nivel que adquiera cada uno. Esto, junto a unas desorbitadas matriculas anuales, hacen imposible para ellos el acceso universitario.
Y es entonces donde el transfondo cultural adquiere un papel primordial. Aqui las aspiraciones son, en su mayoria, bocetos, episodios cortos sin un final escrito.
Nadie se permite el lujo de de imaginar un futuro, y el que lo hace, lo asume como un sueno, sin ninguna base solida. Como imaginar un futuro si tan siquiera puedes describir tu presente?
Una ciudad llena de actividad, medios de transportes, buenos restaurantes y multiples servicios, te permiten obtener una fugaz idea de lo que quieres obtener. Sin embargo, una ciudad llena de gente sin rumbo, vendedores desesperados, escasos y y penosos servicios y decenas de personas azotadas por el hambre y la enfermedad, no pueden brindarte sino indiferencia, en el mejor de los casos y desesperanza, en su mayoria.
Lo mas dificil en Africa es asumir que solo unos pocos, de esta nueva generacion, lograran sostener la fuerza necesaria para convertirse en luchador, superviviente, alguien lo suficientemente preparado para hacer firme su desdibujado futuro. De entre ellos, un gran numero huira del pais, y otros caeran presa de la corrupcion. No una corrupcion moderada, una corrupcion desorbitada y vertical que ira creciendo a medida que crece su poder y autoridad, privando de todo privilegio y oportunidad a los que, igualmente, la merecen y necesitan. A su propia gente.
Asumir y aceptar esto para alguien que posee un concepto europeo de Africa es agonico y tortuoso.
Y mientras miles de africanos imaginan una vida distinta en un continente ilusorio, cientos de inmigrantes venidos de diferentes puntos cardinales, hacen aqui sus vidas, crean negocios de la nada. Encuentran numerosas facilidades, en un pais donde los limites se imponen a base de moralidad.
El dinero es una politica duradera y fiable con la que se construyen y deshacen pueblos, ciudades y culturas. La conciencia es un sentimiento enemigo y la culpabilidad un lastre solo para cobardes.
El problema de Africa no es otro que el que comparte el mundo entero.
Y desde aqui, desde una pequena escuela de primaria, situada en el mas recondito lugar del pueblo Ashanti, intentamos, hasta ahora sin exito, brindar un presente distinto. Un presente con nuevas emociones, con una vision esperanzadora, con un solo objetivo: educacion.